Abordaje del dolor crónico en fisioterapia

Con motivo de nuestra intervención en el congreso de la SED (Sociedad Española del Dolor) no queremos perder la oportunidad de hablar sobre el dolor crónico y sobre el papel que juega la fisioterapia y el ejercicio en su paliación y curación.

Recordemos que el dolor no es más que una señal fisiológica de alarma ante una situación peligrosa para el organismo. Un complejo proceso mediante el cual el sistema nervioso periférico (SNP) trasmite información sobre estímulos nocivos hacia la médula y al cerebro, donde se interpretará y experimentará como dolor.

Cuando el dolor se prolonga más de 3 meses se define por consenso como crónico (aunque esta sea una simplificación que no puede abarcar todas las patologías existentes).

Además, se considera un gran problema de salud que afecta al 25-35 % de la población adulta mundial (Aitken D et al., 2015) y cuyo coste se estima incalculable. Solo el dolor crónico lumbar supone una inversión de 350-560 millones de dólares al año en EE.UU (Puentedura et al. 2016).

El dolor crónico afecta al 35% de la población adulta.

 

Sensibilización central: el dolor crónico, una enfermedad del cerebro.

Borisovskaya et al. publicaron un actualización sobre el dolor crónico en 2020 que lo definía como una enfermedad cerebral. Y no andaban mal desencaminados.

La sensibilización central es un proceso subyacente que ocurre cuando se da el dolor crónico y describe cambios funcionales  en el sistema nervioso que provocan una perpetuación del estímulo nociceptivo aun cuando ya no existe un daño tisular real. En resumen, el SNP continúa mandando información nociceptiva a un sistema nervioso central (SNC) que minimiza su respuesta inhibitoria hacia dicho estímulo.

La desorganización cortical o que se deriva de esta situación hace que el paciente adquiera una memoria del dolor que se relaciona directamente con episodios de kinesiofobia que producen dolor sin nocicepción.

Es por esto último que es imprescindible re-educar al paciente con ejercicio y fisioterapia. La neuroplasticidad del sistema nervioso hace que podamos revertir estos procesos de sensibilización central para que el paciente se rehabilite completamente.

Son muchos los estudios que han demostrado que el ejercicio terapéutico mejoran el dolor crónico incluso cuando no se evidencian resultados significativos en fuerza o resistencia.

Por eso, desde TRAK, seguimos abanderando el ejercicio como una de las mejores herramientas clínicas en la práctica diaria de fisioterapia.

El dolor puede aparecer durante el ejercicio sino se adapta al paciente.

Fisioterapia en el dolor crónico: ejercicio terapéutico

La actividad física tiene efectos analgésicos y reduce la presencia de citoquinas pro-inflamatorias revirtiendo la hiperalgia: un ejercicio aeróbico moderado que dure al rededor de 30 minutos revierte la hipersensibilidad por aumento de los opioides endógenos y suprime el exceso de sustancia P, activando las vías inhibitorias del dolor a nivel central y modulando la percepción del dolor (Urtubia et al. 2015)

No es de extrañar entonces que ante un paciente con dolor lumbar, por ejemplo, se empleen protocolos de ejercicio para aumentar su umbral de dolor. Todo ello sin desdeñar las diversas técnicas propias de la fisioterapia que podemos emplear en este y otros casos, desde la masoterapia a la electroestimulación percutánea. Algunas simplemente con fines analgésicos y otras para alcanzar la correcta rehabilitación funcional del paciente.

Recordemos, de nuevo, que el ejercicio debe adaptarse a cada paciente, sobre todo si este padece un dolor crónico, ya que suelen arrastrar deficiencias biomecánicas y funcionales, debilidad muscular y flexibilidad producto de un periodo largo de inactividad.

La monitorización es de vital importancia en estos casos y debemos poner especial cuidado en algunas patologías como la osteoartritis severa o la fibromialgia en la que una deficiencia del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal provoca un aumento del dolor como resultado de una disfunción en el sistema de respuesta al estrés (Daenen L et al., 2015)

Para terminar, os recomendamos que a la hora de prescribir vuestro programa pongáis en valor la motivación del paciente para aumentar su adherencia al mismo, ya que la mayoría rechazará la idea de realizar ejercicio físico por miedo a una recaída o a un aumento del dolor.

Como siempre decimos, no solo consiste en tratar, sino en acompañar.